Aguas Andinas llama a continuar con un uso responsable del agua

Si bien las lluvias de las últimas semanas y el acumulado a la fecha son una buena noticia, la realidad es que seguimos conviviendo con la sequía más extrema de la Región Metropolitana en los últimos 200 años, lo que se suma a la compleja situación hídrica de toda la zona central de Chile. El embalse El Yeso, por ejemplo, aunque aumentó su volumen hasta los 117,5 millones de m3 acumulados en lo que va del año, esto solo representa el 53% de su capacidad total.

A lo anterior se suma que, pese a que este año ha nevado más que en inviernos anteriores, es imposible saber cuánta nieve permanecerá hasta el verano, ya que la alteración de las temperaturas puede hacer que el deshielo siga patrones diferentes o que tengamos lluvias con isoterma alta que aceleren el deshielo.

En Aguas Andinas aseguran que la situación sigue siendo compleja en cuanto a la disponibilidad del recurso hídrico, debido a los efectos derivados del cambio climático. Ello, sumado a la emergencia sanitaria por covid-19, requiere un compromiso con el uso consciente del agua y el esfuerzo de los distintos actores involucrados en su gestión.

‘Es clave entender que hoy nos encontramos frente a un gran desafío que es el cambio climático. No se trata de una sequía temporal, sino de un estado que es permanente y llegó para quedarse. Por lo tanto, es necesario realizar grandes esfuerzos que conlleven cambios culturales, sociales y de infraestructura, en los cuales será imprescindible el compromiso de todos los sectores involucrados y una visión global de la solución’, dice Alberto Blanco, director de Planificación, Infraestructura y Tecnología de Aguas Andinas.

Plan de acción

En materia de escasez hídrica, hoy Aguas Andinas está concentrada en dos focos muy marcados: las inversiones necesarias para hacer frente a la sequía —de las cuales ya se está haciendo cargo a través de planes y mejoramiento y modernización de la infraestructura— y una mirada de economía circular, que permite reutilizar y hacer más eficiente los recursos para así ser un aporte en la lucha contra los efectos del cambio climático.

Así, ante la situación de extrema sequía de los últimos años, la compañía ha tomado medidas extraordinarias para reforzar un plan que viene desarrollando desde hace más de ocho años. Este incluye obras de infraestructura, exploración de nuevas fuentes hídricas, plan de eficiencia hidráulica y campañas de sensibilización dirigidas a la ciudadanía, además de proyectos futuros que incluyen, entre otras cosas, la reutilización de aguas regeneradas.

Hasta la fecha, Aguas Andinas ha invertido US$ 150 millones en obras de cambio climático, entre las que destacan los megaestanques de Pirque, que permiten resistir los eventos de alta turbiedad y aumentar de 11 a 34 las horas de autonomía de la Región Metropolitana ante un escenario de emergencia climática. Además, tiene identificadas obras adicionales por US$ 500 millones para reforzar las condiciones de Santiago frente a la sequía, algunas de las cuales están ya en fase de ejecución.

Por ello, durante la pandemia, Aguas Andinas ha continuado trabajando en paralelo, y con todas las medidas de seguridad necesarias, en alrededor de 40 obras de gran relevancia que permiten hacer de Santiago una ciudad cada vez más resiliente y preparada frente a emergencias climáticas.

Pero ‘las obras que se requieren, por sí solas, no van a resolver el problema. Nos encontramos frente a un enorme desafío, que implica ineludiblemente alianzas de la administración pública, el sector privado y la sociedad civil, con políticas y medidas de largo plazo. Afrontamos una escasez hídrica estructural que requiere nuevos modelos de gestión basados en los datos, la digitalización y la priorización de las actuaciones con gestión avanzada y tecnología. Solo así, lograremos enfrentar esta situación’, enfatiza Alberto Blanco.

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