Saltear al contenido principal

Cada vez más chilenos eligen el agua de la llave: preferencia para consumo habitual sube 20 puntos en dos años

El cambio en los hábitos refleja una mayor confianza en la calidad del agua potable, mientras el cuidado del recurso se consolida como una norma social en el país.

La forma en que los chilenos se relacionan con el agua está cambiando. En el marco del Mes del Agua, el 3er Barómetro de la Crisis Hídrica, elaborado por Criteria en conjunto con la Asociación Nacional de Servicios Sanitarios (Andess), muestra un cambio significativo en los hábitos de consumo: la preferencia por beber agua directamente de la llave aumentó 20 puntos porcentuales entre 2023 y 2025, pasando de 37% a 57%.

El estudio, realizado sobre una base de 1.200 casos a nivel nacional, evidencia un cambio sostenido y transversal, explicado en gran parte por un aumento en la confianza en la calidad del agua potable. De hecho, la confianza en tomar agua directamente de la llave también sube de 40% en 2023 y 2024 a 51% en 2025, con mayor fuerza en la Región Metropolitana y la zona centro del país.

Entre las principales razones de esta confianza, los encuestados destacan que el agua no les genera problemas (72%), que es limpia (65%) y que tiene un buen tratamiento (61%).

“El 57% de los chilenos prefiere tomar agua directamente de la llave porque confía en su calidad y en los procesos de potabilización. Esa confianza es un activo país que debemos cuidar y proyectar hacia el futuro. Además, es una muy buena noticia saber que, junto a las telecomunicaciones, el servicio de agua potable se posiciona entre los servicios domiciliarios que más orgullo generan en Chile”, señala Lorena Schmitt, presidenta ejecutiva de Andess.

Cuidar el agua: una conducta que se mantiene alta

El Barómetro muestra que la conciencia sobre el cuidado del agua se mantiene muy alta: un 98% de las personas declara realizar acciones para cuidarla. Además, aumentan conductas específicas como cerrar la llave al cepillarse los dientes (92%), al enjabonar la ducha (54%) y al lavar la loza (79%).

“Durante años, la crisis hídrica fue presentada como un problema de conciencia. Sin embargo, la ciudadanía ha respondido: el cuidado del agua dejó de ser una causa y pasó a ser una norma social. Hoy el desafío ya no está solo en los hábitos, sino en el cuidado del sistema: en cómo se capturan, potabilizan, tratan y sanean las aguas”, afirma Cristian Valdivieso, director de Criteria.

En esa línea, Schmitt agrega que “la política pública no puede descansar únicamente en las acciones ciudadanas. Las personas hacen su parte, pero su impacto tiene un límite. La crisis hídrica no se resuelve solo en las casas”.

Crisis hídrica: soluciones estructurales y gobernanza

El estudio refuerza que enfrentar la crisis hídrica requiere una mirada sistémica y de largo plazo, basada en múltiples soluciones. Entre ellas, mayor eficiencia en la distribución, desalación, reúso de aguas servidas tratadas, recarga de acuíferos y acuerdos entre distintos usuarios para asegurar el consumo humano en contextos de escasez.

“Adaptarse al cambio climático implica orquestar inteligentemente todo el sistema hídrico, combinando distintas fuentes y herramientas. Para eso se requiere coordinación entre actores, reglas claras y una institucionalidad que dé certezas para seguir invirtiendo en infraestructura crítica”, señala Schmitt.

En esta materia, el estudio advierte una paradoja: aunque la preocupación por la crisis hídrica se mantiene alta (82%), disminuye la exposición al tema. En 2025, un 77% declara haber visto información sobre la crisis hídrica (vs. 83% en 2024), mientras que un 80% considera que su nivel de conocimiento es insuficiente.

“Estos resultados muestran que, incluso en un escenario de crisis hídrica y cambio climático, existe una valoración creciente por la calidad del servicio. Pero esa confianza no es automática: es el resultado de planificación, inversión y una gestión público-privada que debe seguir fortaleciéndose para enfrentar los desafíos del futuro”, concluye Schmitt.

Insights por macrozona

Zona norte
La preferencia por beber agua directamente de la llave muestra uno de los mayores aumentos del país, pasando de 19% a 34%. La conversación climática está fuertemente marcada por la sequía y la falta de lluvias: en el Norte Grande predomina la preocupación por el aumento de temperatura, mientras que en el Norte Chico la escasez hídrica es el principal efecto percibido. Asimismo, es la zona donde se concentra una mayor preocupación respecto de la calidad del servicio y del recurso.

Zona centro
La zona centro destaca por un fuerte aumento en la confianza en el agua de la llave, especialmente en conjunto con la Región Metropolitana. En términos de cambio climático, el foco se amplía: junto con la sequía, aumenta significativamente la preocupación por los incendios forestales. Además, se identifica un desafío en saneamiento, con mayor presencia de prácticas inadecuadas como el descarte de residuos por el desagüe.

Región Metropolitana
La RM muestra una evolución especialmente positiva en la percepción del agua potable, con un aumento relevante en la confianza y en la valoración de su calidad, especialmente en atributos como limpieza y transparencia. También predominan emociones de confianza y tranquilidad respecto del servicio. En cuanto a cambio climático, se combinan preocupaciones por aumento de temperatura, sequía e incendios forestales.

Zona sur
En el sur, la percepción del cambio climático se desplaza desde la escasez hídrica hacia los incendios forestales y eventos extremos. Aun así, es una de las zonas donde se registran mayores niveles de confianza y tranquilidad respecto del servicio de agua potable, y una percepción más moderada —aunque presente— de la crisis hídrica.

Zona austral
La zona austral presenta un perfil diferenciado: los principales efectos asociados al cambio climático son los temporales, las ráfagas de viento y el deshielo de glaciares, más que la sequía. Esto refuerza que la crisis hídrica se manifiesta de manera distinta según el territorio, lo que plantea la necesidad de estrategias de adaptación específicas, con foco en infraestructura resiliente y preparación ante eventos extremos.

Volver arriba