Esval y juntas de vigilancia logran histórico acuerdo por abastecimiento hídrico en la cuenca del Aconcagua

En un hecho histórico, Esval y las juntas de vigilancia de la primera, segunda y tercera sección del río del Aconcagua, firmaron un acuerdo para consensuar un plan de obras que asegure la sostenibilidad futura de la cuenca, en un contexto donde la sequía ha venido profundizándose desde hace más de una década.

La situación en la Región de Valparaíso es crítica, pues existe un déficit hídrico del 49% respecto a la década anterior, y el año pasado registró una caída del 77% en las precipitaciones. En ese sentido, el presidente de la Junta de Vigilancia de la primera sección del Río Aconcagua, Javier Crasseman, valoró el acuerdo alcanzado por cuanto ‘se logró juntar los intereses y consignarlo como un proyecto integrado’.

El gerente general de Esval, José Luis Murillo, coincide con este balance: ‘Los problemas del agua no se pueden resolver de un día para otro, pues necesitan inversiones importantes y de muy largo plazo. Cuando surgen los problemas, siempre es tarde, por tanto, es necesario tener un plan de mediano y largo plazo donde están de acuerdo todos los actores relevantes’.

Asimismo, el ejecutivo destaca que ‘también rompe el paradigma de que los distintos usuarios del agua siempre estamos peleados, cuando en realidad tenemos la convicción compartida dentro de esta cuenca en que esos usos son posibles, deben ser compatibles y deben ser atacados en muchos casos con inversiones que sirven para todos para sacarle la mayor exigencia posible’.

La propuesta ya fue presentada al Ministerio de Obras Públicas (MOP), y la idea luego, es avanzar en una mesa técnica en donde también participen la Dirección de Obras Hidráulicas y la Dirección General de Aguas.

En específico, se trata de cerca de una veintena de obras, tanto superficiales como subterráneas, que van desde baterías de nuevos pozos, obras de conducción (como la unificación de bocatomas en la primera sección), hasta la ejecución de cinco embalses.

Dado que una represa tarda en promedio 15 años en concretarse, señalan que ‘es importante comprometer las voluntades que trasciendan a los dos años de gobierno que quedan’. Respecto a la evaluación de alternativas diferentes debido al tiempo que demora la ejecución de embalses, tanto Murillo como Crasseman creen que primero deben centrarse en maximizar la capacidad de la cuenca, antes de buscar fuentes alternativas, como la desalinización de agua de mar. ‘Cuando nos metemos en otras soluciones estamos hablando de escenarios todavía más extremos que no son descartables en un futuro, pero esperemos en uno más lejano’, señala Murillo.

Crasseman agrega que, en base a estadísticas de lluvia, nieve y excedentes, la cuenca del Aconcagua tiene un volumen potencial a embalsar -en varios diques- de 200 millones de metros cúbicos anuales. ‘Esta es una disponibilidad neta después de descontar las demandas que deben ser respetadas y, en ese sentido, es una cifra realista. El número óptimo de embalses es el resultado de la combinación del tamaño de éstos y su localización, atendiendo a la distribución de la disponibilidad hídrica en la cuenca. Preliminarmente se ha llegado a la conclusión que sería posible incorporar entre dos y tres en la cuenca’, explica.

Este acuerdo se suma a las acciones que ya venía ejecutando Esval en el corto plazo. Entre las obras más urgentes, la sanitaria delineó para este y el próximo año la construcción de la segunda y tercera etapa del Embalse Los Aromos, pozos nuevos en Llay llay y Catemu y la construcción de la conducción Romeral.

El próximo desafío

Pese a que el acuerdo constituye un enorme paso, los actores reconocen que viene el desafío de hacer ver a las inversiones en el sector como rentables y atractivas. ‘Hay errores en la forma en que se evalúan económicamente las inversiones, tanto públicas como privadas, en infraestructura hídrica.

Acá siempre se ve como poco rentable, tanto para el ministerio de Desarrollo Social, como para los privados que eventualmente podrían ser concesionarios de un embalse’, señala Crasseman.

Por esto planean hacer un trabajo conjunto con un centro de estudios económicos. ‘La única variable que da valor a una inversión hídrica es el aumento de las superficies nuevas de riego, pero nosotros lo que queremos es salvar las antiguas hectáreas de riego y mantener el consumo humano; entonces, no hay un punto de encuentro. Ahí hay un trabajo más bien técnico económico de validar estas inversiones’, asevera.

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