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Mujeres, agua y saneamiento

Según información de Naciones Unidas, 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable seguros y 6 de cada 10 no tienen instalaciones de saneamiento. Y son precisamente las mujeres y niñas las encargadas de recolectar agua en el 80% de los hogares sin acceso a agua corriente. Todo ello acentúa la inequidad de género y limita su desarrollo.

 

Son las mujeres las que suelen destinar más tiempo y esfuerzo para conseguir agua para la familia y su uso personal, y esto representa una gran carga de trabajo que, además, limita sus posibilidades de realizar otras labores que pudieran significarles ingresos adicionales y desarrollo personal y laboral. Efectivamente, el uso del agua está estrechamente ligado a las tareas domésticas y sabemos que aún está arraigado en Chile el que las mujeres estén a cargo de estas labores y necesidades familiares.

 

Chile, sin embargo, goza de una posición envidiable en lo que al acceso al agua y al saneamiento se refiere. Toda la población de las ciudades dispone de acceso al agua potable y tratamiento de las aguas servidas. La infraestructura sanitaria que se ha construido en los últimos 20 años no solo ha mejorado la vida de muchas mujeres al liberarlas de estas tareas: también ha reducido la incidencia de enfermedades, ha mejorado los espacios públicos, y ha posibilitado un desarrollo económico transversal en todo el país.

 

Pero no todo está hecho. Hoy en Chile, más de un millón de personas enfrenta la carencia de estos servicios. Los datos son consistentes con el estudio de la Fundación Amulén que determinó que el 47% de los hogares rurales de Chile carece de acceso al agua potable y alcantarillado.

 

Si al preocupante dato anterior agregamos la situación de cambio climático que enfrentamos y que se ve agravada por la sequía de la última década que todo indica será recurrente a futuro, entonces sólo podemos concluir que para nuestro país el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos (ODS 6), de Naciones Unidas, no está completo.

 

Por eso no nos sorprende la enorme cantidad de mujeres que lideran diversas iniciativas por el acceso al agua, y que participan mayoritariamente en la dirección de los más de 2.800 Sistemas Sanitarios Rurales que existen hoy en Chile. Por el contrario, comprendemos y empatizamos con su diaria lucha para llegar a disponer de estos servicios básicos en sus comunidades.

 

De ahí que las compañías sanitarias reafirmemos nuestra disponibilidad a apoyar iniciativas tendientes a resolver esta grave desigualdad, y asegurar a todos y todas unos servicios de similar estándar. No es solo un derecho ciudadano, sino un deber para el país.

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